Niños

Teléfonos en la mesa

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chica sonriendo

Hoy leí un blog que representa parte de mi vida diaria: Toda la familia usa tabletas en la mesa, y está bien. Al principio entendí “Toda la familia usa tabletas en la mesa, ¡ya está bien!”, pero la historia de esta mamá toma un giro que me recordó algo que me pasó ayer y hace que me cuestione aún más qué uso se debe hacer del teléfono, tabletas u otros electrónicos en la mesa, cuando estás en familia.

Acababa de llegar de viaje y, muy contenta, fui a ver a mi hija a la otra punta de la ciudad, donde estudia.

Es un área de San Francisco donde resulta difícil aparcar y hay bastante tráfico para llegar, así que, aprovechando que mi -ahora- amigo (sí, el antes novio que no me abrazaba) se ofreció a llevarme, nos fuimos a cenar a una hamburguesería muy buena del barrio de Richmond, donde los atardeceres son de un rosa anaranjado maravilloso.

Llegamos pronto, logramos aparcar y conseguimos la mejor mesa del local, junto a la ventana. Ni la música ni el partido de no se qué pelota iban a lograr que mi entusiasmo por disfrutar el momento disminuyera.

Entonces, mi hija me pidió que dejara el teléfono en la mesa porque me veía desviar mi atención de forma distraída.

Le encantó el vasito que le traje de Puerto Rico. Le quería contar sobre mi experiencia, lo bello del lugar y la gente extraordinaria de la isla, pero dejé que ella hablara primero y me contara sobre sus nuevas amistades, sus estudios y sus planes. A media charla, se detuvo: “¿Dónde estás? Siento que no estás aquí conmigo. Tu mente está lejos”.

Mi mente estaba surcando otros mares, es verdad, me había pillado. Y la mano se me iba al teléfono por inercia, como distraída. El teléfono, que yacía boca abajo, me atraía como un imán. No era nada importante, pero me he dado cuenta de que el teléfono en la mano es un vicio como lo era antes la cajetilla de tabaco.

Me he acostumbrado a tenerlo siempre cerca, a darle vueltas de forma distraída, mirándolo y desconectando de la realidad de forma constante y bastante intensa a ratos.

Mi hija acabó dándose por vencida, y al cabo de un rato nos fuimos a llevarla de regreso.

En el auto, mi amigo me dijo “mira este video” y me puse a verlo sin darme cuenta que estaba dejando a mi hija totalmente olvidada en la parte de atrás del auto. Como de las tinieblas, su voz: “Bye mom, te veo otro día”, y caí en cuenta cuando ella ya estaba llegando a su portal.

hombreymujer

Tan solo 24 horas antes, cuando el avión despegaba de San Juan, me había enviado una foto de cuando tenía 4 años. Yo la había subido a Facebook, comentando: “quisiera volver atrás y disfrutarla más. #miniña”. ¿Se ha quedado la familia en una cuestión de Facebook? ¿qué me pasa?

Una hora y media después llegaba a recoger a mi hijo pequeño, que me enseñó un mapa muy sofisticado en mi teléfono celular: “has volado sobre el triángulo de las Bermudas, mamá. Y no sabía si te iba a volver a ver”.

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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