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Sol para la dopamina

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Odio los lunes. El domingo por la noche ya me tira de la falda y sé que el lunes voy a arrastrar los pies hasta la estación. Es la misma rutina día tras día: preparar desayuno, trabajar, llegar a casa, sacar la perra, cocinar… odiosa.

Para relajarme veo un episodio de Alone, el nuevo reality al que estoy enganchada. El único lugar donde mantener una rutina es duro y penoso, pero nunca aburrido.

Diez hombres se quedan solos en un lugar frío, húmedo e inhóspito, lleno de pumas y osos. No pueden comunicarse entre si y no tienen grupo de filmación que los acompañe. Llevan 4 cámaras y un equipo de superviviencia que cada uno de ellos ha elegido. Y un teléfono de conexión por satélite para pedir que los saquen de allí cuando se den por vencidos.

Se graban a si mismos, hablan con la cámara y comentan cómo se sienten: “Mira, hace tanto frío dentro de mi tienda de acampar”, dice uno de ellos, “que se ha formado una estalactica. Si alguna vez te has quejado de que tu habitación es fría, mira mi estalactita”.

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Desde la comodidad de mi casa veo cómo la naturaleza los embiste: “ah, mira, ya consiguió comida”, pienso. “Y agua potable. Ya tiene su cabaña instalada”. Como si fueran metas superadas.

Pero cada día, los expertos vuelven a luchar por lo básico, a deprimirse si lo pierden o alborozarse si lo reconquistan. “Me siento tan agradecido”, dice uno de ellos cuando consigue asar un ave a pesar de ser vegetariano. Se enfrentan a sus miedos, que en este caso son las bestias del lugar, y tienen que enfrentan la soledad.

Cuando la comida escasea, empiezan a perder peso y buen humor. Lo que antes eran comentarios de “hay que adaptarse, así es vivir en estado salvaje” se transforma en “qué mal, cómo odio todo esto, si pudiera estar en casa, no me puedo creer que voy a estar aquí solo en Navidad”. La mente empieza a girarse contra ellos para hacer que se rindan, en lugar de seguir buscando la manera de superar obstáculos.

“Es la falta de dopamina”, dice mi hija, aplicando sus primeros conocimientos de la materia, “eso reduce la motivación, el optimismo; lleva a la depresión”, explica mientras doy gracias al triunfo de mis esfuerzos por darle una educación.

Cuando terminan las lluvias, esos hombres se desnudan para empaparse de sol y absorber vitamina D, que ayuda a reestablecer la dopamina, entre otras virtudes antidepresivas. Sale el sol y su mundo cambia. Se llenan de optimismo y se sienten con nueva energía para superar obstáculos, que son otra vez los mismos: buscar comida, agua y calor.

El cerebro trabaja sin descanso, pensando cómo vamos a sacar los peces del río o las castañas del fuego. Cómo superaremos los días en que solo quieres estar metido en tu saco y aquellos en que no soportas estar dentro del saco, pero no tienes más remedio, y te sientes triste y aislado. El cerebro está creado para superar obstáculos y, si no los hay, los crea para seguir superándolos. Es como una necesidad constante de ser infeliz para poder alcanzar la felicidad.

Con mi crusán y mi café caliente en la estación busco un poco de sol y pienso que mi lunes no es tan odioso. Me mimo con dopamina para aceptar la rutina esa tan odiosa.

photo credit: Have a sunny day via photopin (license)

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

2 Comments

    1. Sí, está muy bien el show, tiene valor de experiment. ¡Gracias por los ánimos!

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