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Palabras que hieren a los niños

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niño en la calle

Las palabras son muy poderosas y esta vida es muy estresante, por eso es fácil que se nos escape el mensaje equivocado, sobre todo cuando los niños nos ponen a prueba -algo que sucede cada cinco minutos.

Si quieres tener una actitud positiva para criar a tus hijos, estas palabras es mejor guardarlas en un cajón bajo llave porque entorpecen el camino a un desarrollo emocional sano. Y la verdad es que son solo una válvula de escape para adultos.

Cuando uno no es capaz de elegir las palabras adecuadas en un momento dado, es mejor morderse la lengua y resoplar hasta calmarse antes de dejar que las siguientes palabras, que etiquetan y condicionan a los niños, se escapen. Porque no hay punto de retorno, son balas que nunca yerran.

Estas que te muestro no son solo palabras sino formas de expresarse que se usan en muchos idiomas y culturas. En los años que llevo viviendo en Estados Unidos no he conocido a muchas familias que no las usen, en un tono u otro.

Desde el supuestamente inocente “Don´t be silly” hasta el “estás loco” e incluso “el cabrón”, que oigo a menudo en nuestra lengua. Y qué me dicen que la moda de “gorda” y “gordo” en referencia cariñosa a un hijo (que igual puede estar flaco como un palillo).

El tono de broma o de burla no atenúa la fuerza de las palabras, sino que añade menosprecio a la persona a la que se dirigen: ese niño o niña no puede hacer nada serio, ni bueno ni malo, porque no tiene valor. Pero lo peor es la frecuencia con la que nos expresamos así, martilleando una y otra vez la autopercepción de los pequeños.

1. No seas tonto. No digas tonterías

¿Será lo que aquí llaman “tough love”, una inocente forma de indicarle al niño que se ponga la pilas? Lo preocupante es cómo salen estas palabras a la ligera, incluso con tono de cariño y amor del bueno, y se les meten a los niños por las venas. Son pequeños y cándidos, no tontitos. Sus acciones tienen valor y consecuencias, así que es mejor hablarle de un modo que lo convierta en una persona consecuente y responsable.

2. Nunca haces nada bueno; siempre lo haces todo mal

Por ejemplo: ¡Nunca haces nada bien! ¡Parece mentira que nunca puedas preguntar algo tú mismo en la tienda! Nunca te veo leer un libro. Siempre te equivocas. ¡Siempre te pasa igual!

Nunca y siempre son palabras de significado mayor. Nunca y siempre es MUCHO TIEMPO. Es un vaticinio que, llegando del padre o la madre, tiene mucha importancia para un niño. Usa tus palabras como puntales, como andamios, como cualquier instrumento que ayuda a edificar, no a derrotar.

3. ¡Eres…. perezoso, desordenado! Y más etiquetas

Cuidado con los adjetivos calificativos que, como muy bien dice su nombre, definen a tu hijo, y lo hacen con mucha fuerza.

Desde que son muy pequeños -tan pequeños como los 4 años- los niños buscan saber quiénes son, cómo se comparan con los demás, qué los define. Se ponen disfraces, empiezan a elegir su ropa, a imitar porque buscan su identidad, y sus padres son su mejor fuente de referencia.

Lo que tú les digas los ayuda a tener una buena percepción de sí mismos o los aleja de quiénes son en realidad para quedarse con la percepción que tienes tú de ellos. Ellos alimentan su ego con lo que tús les transmites.

Pero cuando los hijos llegan a los 10 años, y después de esa edad, lo que tú pienses de ellos empezará a perder valor, y sólo se medirán con los amigos. La percepción que tengan de sí mismos se basará en cómo los acepta el grupo. Para entonces:

  1. Será muy importante que tu hijo tenga un buen concepto de sí mismo como indivíduo, y ese concepto le habrá llegado a través de tí, de cómo te hayas comunicado con él durante su infancia.
  2. Ya no tendrás mucho espacio para rectificar las torpezas que cometiste tiempo atrás. Por eso es importante que midas tus palabras desde el principio.
  3. madre hablando con hijo

    4. Hablar de ellos en tercera persona cuando están presentes

    . Me pasó en el trabajo: tres personas estábamos hablando y de pronto una de ellas empezó a hablar de cuál era mi papel en la compañía. Esa persona no era mi jefa y no me gustó que hablara de mí como si no pudiera hacerlo yo misma. Estaba dejando que me definiera y sentía que perdía el control de mi identidad, hasta que tomé la palabra.

    Los niños no suelen tomar la palabra. Imagina cómo se puede sentir tu hijo en tantas ocasiones en que hablas por él.

    Me lo dijo mi hijo hace poco. Acudimos a un programa de vida saludable enfocada en nutrición y actividad física, ahora que tiene 12 años. El primer día nos reunieron a varias familias e hicieron preguntas a niños y padres. En una de estas yo empecé a decir: “es que a él le gusta esto y lo otro, hace esto…” al cabo de unos segundos, mi hijo me pasó un papelito, todavía lo guardo: “no hables de mí como si no estuviera aquí”, escribió. Y me susurró que se sentía avergonzado cuando yo hablaba así.

    Muchas veces, los doctores, maestros, terapeutas prefieren hablar directamente con los niños para que ellos tengan el control de definirse. Las madres intentamos hacer de intérpretes, pero les ponemos más filtros que Instagram. Más de una vez, los expertos me han dicho que me calle.

    5. Amenazas

    “Ya verás cuando se lo diga a tu padre”. Ah, las benditas amenazas, qué útiles son. Han sido mi tablero de salvación con el pequeño. Es a lo único que responde, pero en realidad yo he utilizado la imagen del padre, que es algo que mi hijo teme.

    No son buenas, no es bueno educar a los niños para que crezcan reaccionando a temores. Es una forma de cortarles la alas, así lo veo yo. Existen alternativas a las amenazas, pero si tu niño es un rebelde -y a mucha honra- te advierto que vas a necesitar tiempo y unos cuantos galones de general para no ceder.

    6. Comparaciones

    Por frustración y falta de tiempo, los padres hacemos muchas cosas que generan sentimientos negativos en los pequeños.

    Las amenazas para obligarlos a hacer algo despiertan sus miedos a quienes los rodean. Y las comparaciones despiertan instintos muy doloroso, la envidia, los celos, la competencia poco deportiva. Son capaces de romper una familia y enturbiar una relación fraternal de por vida.

    Una cosas es citar un ejemplo: “Mira, por qué no recoges tu habitación como hace tu hermana cada mañana. ¿Te has fijado qué rápido lo hace y luego puede leer o jugar? ¿Por qué no pruebas tú también?” Mejor si la hermana no está presente.

    Otra cosa muy diferentes es lamentarse constantemente, “tu hermana nunca da problema”. Sobre todo, alabar al otro hijo delante de extraños y del hermano. Las comparaciones son muy delicadas, úsalas con cuentagotas y solamente si son prácticas y van a ayudar de forma concreta. No las uses para buscar una reacción porque podría ser la equivocada.

    Foto destacada: stimpsonjake Giving Her the Silent Treatment vía photopin (license)
    Foto interior: Richard Ricciardi Unconditional Love vía photopin (license)

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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