Naturaleza en el norte de California

“Respira bien hondo porque aquí te vas a cargar de oxígeno”, me dijo mi amiga. Levanté la mirada hacia los árboles gigantes y milenarios y, por primera vez en tantos años, los vi.

Los conocía, había visitado los parques y acampado en ellos, pero ayer, cuando intentaba ver la parte más alta, donde terminan, sentí que se colaban hasta dentro de mi, resquebrajando una corteza invisible. Se filtraban por ella creando puntos luminosos y abriéndola cada vez más, como un colador. Uf, entró el oxígeno a presión.

Como decía El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón”, y es verdad, aunque hablemos de secuoyas. Porque después de tantos años viviendo en el norte de California, ayer, en Felton, los vi de una forma que antes no era capaz de ver. Hoy son una de las razones por las que me costaría irme de aquí.

Cada vez que me echan las cartas de las hadas y me sale la de la naturaleza, quiero tirar la baraja a la basura. Busco mensajes grandilocuentes “Lo que sueñas ya está llegando a ti” o “Una nueva persona entrará en tu vida”, y no que me envíen al bosque a bailar con gnomos. Pero esta vez, el bosque me tomó al asalto.

Yo no hice el propósito de relajarme o comulgar con mi entorno natural, simplemente sucedió. Sentí que percibía la naturaleza de forma diferente, y cuanto menos estrés sentía más “yo” salía de mi interior, a chorro.

Mi amiga, como buena celestina, me medio embrujó. En tono tranquilo y algo divertido me fue guiando por ese bosque de secuoyas que conoce muy bien, subrayando sus cualidades casi mágicas, mientras yo hiperventilaba oxígeno puro en pleno éxtasis:

lookingatsequoia1. El tronco está formado por muchos troncos que se unen en uno solo. Todos son vástagos del tronco original.

El secuoya es un árbol que crea su propia familia y todos crecen abrazados, apoyándose los unos en los otros. Un caso curioso fue el de un árbol que se había apartado de su grupo para abrazarse al sequoia de al lado. ¡Muy humano!

2. No se regeneran por semillas, sino que van criando hijos como explica el punto 1. Por eso, cuando un secuoya muere, en realidad solo se regenera porque hay muchos tronquitos que ya han salido para prolongar al existencia del secuoya original. Como los humanos, transmiten su legado de generación, centenio o milenio.

3. Están preparados para la autosanación. Forman callosidades abultadas, un cúmulo de células para solidificar una parte débil o herida. Y segregan una resina especial que los hace casi incombustibles. Los sequoias son muy resistentes a las llamas debido a sus propiedades naturales.

Pero lo más fantástico de estos árboles es lo longevos que son. Siempre es impresionante ver los siglos que han recorrido a través de sus anillos. Aquí, un árbol que vivió desde antes del nacimiento de Jesucristo hasta la segunda guerra mundial, en que cayó, seguramente habiendo dejado muchos tallos crecidos que mantendrán su legado.

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Cuentan que el general Frémont pasó la noche dentro de uno de estos secuoyas en Felton, en uno de sus viajes a caballo. No me cae bien el llamado “pathfinder”, que se aprovechó de las propiedades de los mexicanos en esta tierra, pero me parece muy práctico poder usar la base de un secuoya como tienda de acampar.

Darian entró en la pequeña cueva donde dicen que Frémont durmió. Poco después nos echaron del parque. “No se permiten caballos, bicicletas ni perros”. Ups, y nosotros con perro y bici, peee… Nos fuimos, pero la naturaleza del norte de California, me la llevé puesta.

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Foto destacada: Canopies via photopin (license)

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