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Las 3 cosas del fútbol que ayudan a mi hijo

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El sábado pasado me levanté con un suspiro para llevar a Darian a su partido. Nunca me ha gustado el fútbol; recuerdo que mi padre se apoderaba de la tele los domingos y nos dejaba a las mujeres fuera de juego. O cómo mi novio me dejaba de lado para ir a ver “el partido” con los amigos.

Cuando llegué a Estados Unidos, me encontré con que el fútbol es una experiencia más democrática. De hecho, es casi un juego femenino, más que masculino. Muchas niñas juegan a fútbol desde que tienen 4 años, en ligas que se organizan en los parques. Los hombres se concentran en el béisbol y lo que en España llamamos rugby y aquí llaman fútbol.

Pero un día, a mi hijo lo atacaron los genes nacionalistas y le dio por jugar a fútbol (digo nacionalistas porque a su padre tampoco le gusta ese deporte). De hecho, a mi niño le empezaron a interesar todos los deportes de equipo-pelota (dejarán de ser niños…), y pensé que era hora de apuntarlo a un deporte así, de equipo, diferente a la natación que ya practica desde hace un año. Así que lo apunté.

El sábado pasado, como decía, me levanté suspirando por tener que enchufarme la batería en mi día de descanso del trabajo. Pero cuando llegué había tanta buena vibra en el aire, que me entusiasmé.

1. Lo que más me gusta es el hartón de correr y sudar que se pega. En dos semanas ha perdido unos kilos que se le habían añadido a los que ya trae de más.

2. Pero las virtudes del fútbol no son solamente físicas: hay un montón de autoestima en juego. Sentirse parte de un equipo y que otros dependen de su “performance” le da ese sentido de responsabilidad y compañerismo que le hacen sentirse en el lugar donde debe estar a su edad: estableciendo conexiones neuronales y sociales. Aprendiendo y socializando.

3. La tercera cosa que le ha ayudado fue su elección. Esto es un poco más difícil de explicar. Desde que los niños son pequeños, uno sueña con que hagan actividades que luzcan, como tocar piano, ir a ballet o aprender idiomas. Son deseos naturales de los padres pero pueden llegar a convertirse en una pesadilla para los niños. Aquí en el norte de California, donde vivo rodeada de padres ultraexigentes con el rendimiento académico de sus hijos, me replanteé lo de las actividades extraescolares y decidí que me esforzaría en llevarlos si ellos me lo pedían (de hecho, hace un par de años salió un estudio según el cual los niños que hacen una actividad porque ellos quieren, y no porque sus padres los empujen a hacerla, la hacen mejor y son más felices).

Apunté a Darian a fútbol porque él lo eligió, me lo pidió. Y por eso puede beneficiarse de las cualidades de un deporte de equipo que menciono arriba. Tiene entusiasmo, y yo lo apoyo. El entusiasmo es muy contagioso, y me sorprendí a mi misma, el sábado, llegando al campo y siguiendo el partido, minuto a minuto, de pie, a orillas de la línea blanca. Go Warriors!

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

2 Comments

  1. Me gusta mucho tu post, me dan animos para poner a mi hijo en algun deporte. La flojera de tener que llevarlo traerlo y todo el ajetreo de esta actividades siempre me desanima, pero vale la hacerlo todo por ellos. Y ya me veo alli al border la linea pintada de los colores del equipo.

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