Vivir en US

La plantita que made my day

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plantas

Una vez me preguntaron si era capaz de captar la belleza de una flor. De salir a la calle y pensar “qué día tan bonito hace”. De poder percibir lo que me rodeaba sin filtrarlo por los sentimientos negativos que me aislaban.

“Si eres capaz de percibir eso, no creo que lo tuyo sea una depresión seria”, comentó el psicólogo, calculando en su mente qué recursos iba a necesitar para ponerme de nuevo sobre la pista. Nunca olvidé esa pregunta; por eso ayer me puse contenta cuando llegué a casa y vi las plantas que rodean mi puerta de entrada.

Estas últimas semanas, mi hija no ha salido mucho de su habitación. Llegaba del trabajo y subía directamente a su cuarto, saludando brevemente como si tuviera prisa, bolsa de cena en mano. Por la mañana la oía levantarse e ir al baño mientras yo hacía café, y luego me iba a trabajar y no la volvía a ver hasta que llegaba por la noche, y ella volvía a subir directamente desde el garaje a su dormitorio.

Un día la fui a ver a las 8 de la noche y estaba dormida. A la mañana siguiente la oí ir al baño, pero antes de irme me asomé por su puerta y seguía profundamente dormida. Unos días más tarde me pareció que lloraba cuando subía las escaleras para ir a su cuarto. Cuando hablé con ella me dijo que se sentía deprimida desde hacía un tiempo, y estaba viendo a un psiquiatra, que le había recetado unas pastillas que le producían sueño.

No me quiso decir qué la tenía así ni quién es su psiquiatra, y me pidió que dejara eso entre ella y la doctora. Aquí en California no permiten a los padres ver el expediente médico de sus hijos sin autorización de estos desde que son bien jovencitos, así que me tocó mantenerme apartada. Le dije que estaba ahí para lo que necesitara, y ahí me dejó.

Intentaba hablarle con tono despreocupado, invitándola a participar en la cena familiar o a ver la TV, pero solo aguantaba 10 minutos; al cabo de un rato, se iba. Le sugerí que dejara las pastillas, pero la doctora le advirtió que no lo hiciera, así que no volví a insistir. Pasaba las horas en el trabajo, esperando que todo fuera bien y que no tuviera sorpresas al llegar a casa.

Días más tarde la encontré en la sala cuando regresé. Me contó animada que ese día “sus niños” del YMCA le habían hecho un regalito, una macetita con semillas que habían plantado. Le sugerí que la mantuviera húmeda y la pusiera al sol. Con un poco de cuidado iría germinando. “¿No te gustaría verla crecer?”. Respondió que sí, sonriendo, y subió a su cuarto.

planta con semillasEl viernes fue a buscarme a la estación con mi hijo menor. Fuimos a cenar y pasamos un buen rato juntos. Cuando llegamos a casa y vi mis macetas, como cada día, para comprobar cómo siguen creciendo mis tomates y limones, me fijé que la maceta pequeña con semillas estaba ahí entre las demás, y tenía la tierra bien húmeda. Había sacado su corazoncito al sol y al aire, dispuesta a germinar.

Dos semanas después, ha germinado:

  

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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