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Gritar en los partidos de fútbol

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warriors last game

Ayer fue el último partido de fútbol, la final de la liga, y los niños estaban nerviosos. Cuando íbamos llegando al campo, Darian me dijo: “Estoy contento de estar en este equipo porque mi entrenador no grita”. Me alegró que lo dijera porque yo también me he fijado que no grita, y eso me gusta. Habla con los niños de forma tranquila e inteligente, y los motiva mucho. Pero ¿es lo más eficaz?

Esta es la primera vez que mi hijo juega al fútbol. Hace tonterías como girarse de espaldas para que la pelota no le golpee, dejar pasar al contrario por cortesía o detenerse a media carrera, balón en pie, porque el zapato le molesta o porque no oyó bien lo que le gritó el entrenador al pasar por su lado “¿que quéé, que haga quéééé?”.

Los niños son niños y nos lo recuerdan hasta en medio de un partido de fútbol, cuando oyen la musiquita del camión de los helados y los dos equipos gritan “Ice cream truck!” y dejan de jugar. Me encanta, pero no sé si hay que llegar al punto de decirle a un niño “good job” cuando no ha hecho buen trabajo. Ya no sé si creerme que Darian había jugado bien cuando su entrenador le decía al final del juego “buena defensa” ¿lo dice porque precisamente fue mala? Darian ha mejorado mucho desde su primer partido, hace poco más de dos meses, pero no sé si es por lo que le está gustando el fútbol o por ese refuerzo constante y positivo de su entrenador.

No me gusta cuando padres y entrenadores se ponen a gritar, a menos que sea para animar dentro de un orden, porque si empiezan a dar instrucciones a los niños por su cuenta, los confunden. Y eso ha pasado en nuestro equipo: los últimos minutos del partido, el entrenador le dijo al portero que se uniera al resto del equipo en el ataque para intentar el desempate, pero algunos padres que no se habían enterado empezaron a gritarle al chiquillo que se regresara (incluída yo, porque alguien me dijo que si la pelota le daba en el brazo, el equipo quedaría descalificado).

He oído a entrenadores gritar de una forma que me dice que están al pendiente, que guían a sus jugadores y que los empujan si es necesario. No los dejan solos y quieren que se esfuercen cada minuto que pasa. A veces me hubiera gustado que el entrenador de Darian fuera algo más así. Pero su táctica es guiarlos con tranquilidad y dejarlos hacer.

Me quedo sin saber qué pensar, aunque he de decir que no me gusta hacer como los americanos porque me cansa lo encimados que son con sus hijos, desde los discursos dentro del coche antes de dejarlos en la escuela hasta la actitud de cheerleader exagerada y competitiva con cada paso que da su embrión. ¿Será por eso que cuando cumple 18 se va de la casa y vuelve solo para Thanksgiving?

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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