Educación

Gratificación diferida: fomentar el autocontrol

1000 views
niña con dulce

No todos nacemos con la virtud de la paciencia y el autocontrol. Saber esperar no parece algo innato. ¡El que no corre, vuela!, dicen en mi tierra. Hay que ser espabilado y rápido para que los demás no se lleven lo que deseamos, eso es algo que aprendemos desde pequeños. “Como rápido para que no me lo quites”, me dice mi hijo.

Sin embargo, los animales son capaces de ser muy pacientes y esperar durante horas, sin inmutarse, aquello que quieren. La falta de autocontrol puede ponernos en aprietos y disminuir las posibilidades de éxito, felicidad y salud.

Escena #1: La niña llega a la escuela, contenta con un juguetito que le compró su mamá. Su amiguita le dice: “¿Puedo verlo? ¿me lo prestas?” y, antes de que la niña se de cuenta, se lo arrebata. La amiguita no se llevará el juguete a casa, es posible que reciba un castigo y, peor aún, pierda una amiga, lo cual va a superar los segundos de felicidad que le causó tener el juguete en sus manos. Pero no es capaz de pensar eso y actuar en consecuencia. “Es ahora o nunca”, piensa cuando ve el juguete.

Escena #2: La madre dice a su hijo: “deja de ver la tele y haz tu tarea”. El niño grita como si le clavaran una estaca, llora, clama que su vida es una pesadilla, suspira con hipos de desconsuelo y… sigue viendo la tele. Ni a rastras lo sacarían de ahí, aun sabiendo que al día siguiente se retorcerá de nervios cuando tenga que admitir ante la maestra que no hizo su tarea. Para él, solo existe el presente.

Demorar algo que anhelan es un imposible para muchos niños. No saben esperar turno ni dejar de hacer algo que disfrutan, pero aquellos niños que son capaces de sacrificar un buen “ahora” por un mejor “después” son los que triunfarán en la vida, según los psicólogos. Porque saben aplicar el principio de Gratificación diferida (Delayed gratification).

El experimento de Stanford

Conocido como The Marshmallow Test, este experimento se realizó en la Universidad de Stanford, en California, a finales de los 60, con un grupo de niños de entre 4 y 5 años de edad, a quienes se les ofreció un marshmallow (nube, malvavisco). Se les explicó que, si eran capaces de esperar 15 minutos para comérselo, tendrían un segundo marshmallow.

Se dejó a cada niño en observación, solo en una habitación, y sus reacciones fueron variadas: unos se comieron el dulce en cuanto el adulto les dio la espalda, otros intentaron distraerse como pudieron, pero sucumbieron al cabo de unos minutos. Algunos fueron capaces de conservar el malvavisco intacto 15 minutos y consiguieron su premio.

Privarse de hacer algo que da satisfacción a cambio de un bien mayor es lo que se conoce como gratificación diferida, y exige una buena dosis de autocontrol. Casi como darle la razón al cuento de la lechera y quitársela al Más vale pájaro en mano que ciento volando.

Esto no acaba aquí: los científicos dieron seguimiento a la vida de los niños que participaron en el estudio, y llegaron a la conclusión de que quienes no se habían comido el marshmallow tuvieron más éxito en la vida: mejores trabajos, peso más saludable, menos adicciones… etc.

Así fue más o menos:

¿Se puede enseñar a un niño a tener autocontrol, sobre todo a los más pequeños? Se puede intentar. Pero es a partir de los 5 o 6 años, cuando los niños empiezan a tomar decisiones más razonadas.

Cómo practicar gratificación diferida

No es fácil llegar a casa y predicar con el ejemplo después de un largo día de trabajo, pero comportamientos como los de las escenas 1 y 2 no son buenos, así que ¿para qué perpetuarlos? Cosas que puedes hacer por edad:

1. No lo muestres (desde el primer año)

Cuando son pequeños, hablar de autocontrol es difícil, así que para evitar problemas, si no pueden resistir la tentación de comer dulces, o si un juguete va a causar una disputa, no los tengas en un sitio visible y alcanzable (en el caso de los dulces, mejor no tener azúcar en casa y mejorarás su salud ¡en días!).

bebe y niño con dulce

2. Jugar a los turnos (desde los dos años)

Si no quieres que arrebate juguetes a los niños… bueno, muchas escuelas no permiten a los niños llevar juguetes para evitar problemas como este. Si el episodio sucede en casa, juega a “establecer turnos”, usando un cronómetro y dejando que cada quien juegue la misma cantidad de tiempo. A esta edad, compartir es un mito. Si los turnos no funcionan, o cuando dejen de funcionar, distrae a los niños con un juego alternativo y saca el juguete de la discordia de la circulación.

3. Deja claro qué esperas de él (desde 3 años)

Si tu hijo tiene no quiere hacer tareas porque prefiere ver la tele en loop infinito, desconecta el televisor. Seguramente seguirá una escena de gritos y llantos, pero al final terminará entendiendo tus prioridades, o al menos, aunque sea a regañadientes, respetándolas.

A esta edad, los niños no entienden mucho de prioridades, pero sí saben entender qué se espera de ellos. Cuanto más claro tenga tu hijo lo que esperas de él (para esto tendrás que ser muy perseverante y todo lo monótona que haga falta), más fácil será el proceso.

Un consejo: no conviertas las cosas que crean problema (tele, comida, comprar un juguete cada vez que salen) en un premio porque le resultará confuso. Él solo verá que a veces lo consigue y otras veces se le niega, y no entenderá tus expectativas.

4. Enséñale a establecer prioridades (desde 5 años)

A partir de los 5 años tu hijo puede entender que tiene que esperar por una causa mayor. Es el momento de establecer rutinas escolares y empezarle a enseñar qué cosas son prioritarias sobre otras.

Puedes poner, incluso, cartelitos en las paredes que señalen cuál es la rutina a la hora de llegar a casa (las prioridades después de la escuela). O cuáles son las reglas de la casa, y discutirlas. Ayuda mucho mantener reuniones familiares (o aprovechar el momento en que están cenando juntos para mantener esas reuniones) y hablar de cómo se distribuyen las tareas, cuáles son las prioridades, etc.

5. Sé un buen ejemplo

Lo que me resulta más difícil como madre es ser buen modelo para mis hijos. ¿Por qué tengo que andar con la bata de madre perfecta? ¿Por qué tengo que renunciar yo a la tele para que él haga su tarea? ¿Por qué no puedo comer lo que me da la gana o comprar lo que se me antoje?

Es difícil predicar con el ejemplo, pero tus niños necesitan tener un espejo donde reflejarse, y ese espejo eres tú. Esos momentos de su infancia (cómo solucionabas sus pataletas, les obligabas a hacer la tarea, les prohibías un capricho) se graban en su memoria como una foto, y regresarán a esos recuerdos muchas veces en su vida: “¿Cómo lo hacía mi madre, qué haría ella en mi situación?”. Sacrificarse hoy por el bien de ellos el día de mañana es tu propia lección de gratificación diferida.

Fotos: Candy y new room via photopin (license)

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

Deja tu comentario

%d bloggers like this: