Niños

Cuántas veces rompes tu palabra

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gato rendido

Sábado por la mañana, me levanto dispuesta a hacer las cosas bien y decido que no hay pantallas de ningún tipo, para nadie. Ni teléfonos ni TV ni tablets… nada. Tampoco hay comida que no sea el desayuno establecido. Y hay que vestirse y recoger un poco.

Porque me he levantado lista para estructurar el día familiar.

Hay pataleta, de aquellas con portazos, gritos, amenazas y llantos. Después del primer asalto, me siento rendida en el sofá a recuperar el aliento, casi jadeando por el esfuerzo de no ceder. Un rato más tarde, mi hijo baja vestido y medio resignado.

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Se sienta en la otra esquina del sofá y nos quedamos viendo la pared sin decir nada, sin saber qué hacer, recuperando también el aliento. Como dos boxeadores que se sientan a recobrar fuerzas en el ring.

Abre su libro de Historia en español, el que le regaló mi hermano. Al cabo de dos minutos, se sienta a mi lado y empezamos a comentar el libro, qué alegría. El alborozo de cualquier padre: “mi hijo lee, mi hijo lee… por finnnn”.

Estamos leyendo sobre la revolución rusa, la batalla de San Petersburgo, cuando me echo el lazo al cuello:

– Oye, hay una película que se llama San Petersburgo, debe ser muy bonita, ¿la buscamos?
– Bueno, pero solo si no es una película antigua, de antes del 2000. Solo veo películas de 2007 en adelante.
– Exagerado, esta es bastante nueva.

En este momento, la cámara toma un primer plano de mi mano acercándose al control remoto, mando, trampa mortal de la TV, con tonadilla de tiburón. Enciendo la tele… ¿qué es esto?!!!
¿Vanderpump rules? ¡¿uncensored?! ¿Los productores explicando el detrás de cámaras? Sublime sábado por la mañana.

– Mamá… pero has dicho que íbamos a buscar San Petersburgo.
– Espera un momento solamente, que no me deja grabar esto. En cuanto termine vemos San Petersburgo, murmuro distríada, totalmente enfrascada en las confesiones de los productores de televisión.

Darian ve la oportunidad y sube a su habitación para jugar con sus pantallas, después de llevarse algo de la cocina a escondidas. Yo no lo regaño ni lo aparto. Lo sigo a la despensa y cojo “cualquier cosilla” para disfrutar mi reality del reality. Se ha abierto la veda.

Me paso una hora de deleite puro, haciendo lo que no debería y disfrutándolo a tope. Y así es como los padres caemos en la trampa de nuestras propias reglas.

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Por suerte, Moh llamó y nos invitó a comer para celebrar el año nuevo persa, en una maravillosa terracita al sol, al pie del agua en Foster City, y de ahí llevé a mi hijo al museo de aviación para redimir mi conciencia. Un acto de rescate que siempre le agradeceré.

Me compuse y me tocó desperezarme.

Después de nuestra dosis de sol, aire y dosis educativa, regresamos a casa y vimos San Petersburgo, que era de 2014, pero estaba en ruso. Darian se tuvo que tragar los subtítulos, que es bastante educativo también, a él que le gusta tanto lo ruski.

El próximo sábado lo volveré a intentar.

Foto: WATCHING THE TV vía photopin (license)

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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