Educación

¿Cuál es tu misión de madre?

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gorila con bebé

En Estados Unidos, los hijos se ponen en pista de salida antes que en nuestros países: el 59% espera alcanzar la independencia financiera entre los 18 y 24 años, según Junior Achievement, un grupo que enseña a los jóvenes a hacer buen uso del dinero.

Esos años, entre los 18 y el momento en que finalmente salen de casa, son muy difíciles para una madre.

pelea de animales

A los 20, mi hija quiere salir como sea, aunque sea sin un plan. Algunas de sus amigas ya salieron de casa, casi todas dando un portazo; otras para irse a la universidad. Unas pocas siguen fieles a la tradición de quedarse en casa más tiempo.

Yo estoy empeñada en que se transfiera de la escuela comunitaria a la universidad, pero a ella no le veo ese empuje, que se va debilitando cada día. Está desesperada por salir volando de su jaula y conquistar su independencia.

La cuestión universitaria se ha convertido en un tema que levanta ampollas en mi casa. Conocidos míos le han dado información y ofrecido cartas de recomendación, al punto que a veces siento que estoy haciendo la batalla por ella y me dan ganas de dejar que se las componga sola. Se lo digo así a mi amiga, que me sugiere una idea mejor: comprenderla.

Me dice que relaje la presión o terminará saliendo también con un portazo a “nowhere“. Me cuenta que la psicóloga le ha recomendado que no opine ni discuta ni intente imponerse a su hija. Que no se meta en su vida. Creo que eso está bien para una madre nacida en Estados Unidos, pero no para mí, que he criado a mi hija de forma algo diferente.

Entre el “ahí te apañes” y continuar guiándola hay un espacio para que una madre pueda seguir siendo madre, sin ahogar. Cuando mi amiga me dijo que ella no quiere ya decirle nada a su hija y la veo llorar en silencio, le pregunto qué es mejor para nuestras hijas, no incomodarlas o ser fieles a nuestra misión de madres.

Mi misión es ver el futuro que mi hija no sabe ver y empujarla en la dirección que considero correcta, siguiendo el consejo del arbolito que me dio mi madre. No quiero que el día de mañana diga “ojalá mi madre me hubiera obligado a estudiar más”, por ejemplo. No quiero tirar la toalla.
Pelicano liberado de la jaula“No sé si de verdad quiero estudiar esto”. “Creo que la universidad va a ser muy difícil”, me decía la otra noche. En otro momento le hubiera dicho que cómo piensa eso cuando ya está terminando las solicitudes, que cómo piensa eso si ya he gastado un buen dinero y mucho tiempo en llevarla por ese proceso. Que cómo se atreve a pensar eso.

Pero me acordé del consejo de mi amiga y decidí que era mejor sentir empatía que reclamar. Todo, con tal de que me deje recorrer un poco más el camino con ella.

jirafas Esa noche no me estaba desafiando sino abriéndome su corazón sobre cómo se sentía. Y una de las mejores cosas que una madre de adolescente-o-más puede hacer es reconocer ese momento en que están dispuestos a escuchar porque se sienten abrumados en su nuevo papel de adultos, y hablar con ellos. Porque esos momentos son poco frecuentes.

También resistí la tentación de irme a los extremos: ni decirle “está bien, haz lo que quieras, la decisión es tuya” o de centrar el tema en la decepción y la frustración que me hacían sentir a mí sus dudas.

Hablé con ella tranquilamente para que se calmaran sus miedos. Como cuando era pequeña y por la noche me tumbaba a su lado en la cama y aplacaba sus temores o la consolaba. Le hablé con el deseo de apoyarla y se calmó. Al día siguiente fue a ver a un amigo nuestro para recoger una carta de recomendación. Charló con él y regresó más motivada para seguir adelante.

Hace unos años, cuando la veía en peligro de no graduarse de la secundaria, le dije que mi misión como madre era empujarla hasta que esté en un lugar desde donde pueda estirar sus alas y ser feliz. Ahora tengo que contentarme con que siga abriéndome su corazón porque solo así me va a escuchar lo suficiente como para dejar que la ayude un poco más.

Fotos:
Pelican breakup via photopin (license)
Aransas, Texas Pelican Relase via photopin (license)

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

4 Comments

  1. Que suerte tiene tu hija de tener una madre como tú, que le va dando palmaditas para avanzar. Mi hija mayor cumple 17 en septiembre, y pronto me veré como tú. ¡Espero acertar! Un abrazo

    1. Uy Paz, mucha paciencia con tal de que a esas edades la comunicación no se interrumpa porque entonces cierran la puerta y quedan expuestos a muchas cosas. Pero confieso que tantas veces la pierdo y me entran ganas de decirle, pues vete y ya verás lo que es bueno… pero sé que luego me moriría por dentro y no quiero actuar por orgullo ni cansancio. Mucha suerte!

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