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4 frases de amor de mi madre

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Mi madre es una mujer práctica y sin mucho arrumaco. Criada en un pueblo de Andalucía como la única niña de 7 hijos, su madre ocupaba el tiempo haciendo de ella una “mujer de provecho”. No es de abrazar, besar ni adular (ella misma me lo dice). Es del amor gota a gota que se filtra por momentos de lectura, charlas con té o paseos.

No la recuerdo gritando. Más bien recuerdo cuando llegaba de la escuela y nos leía las fábulas de La Fontaine o cuando me compró las botas de Prisunic y el paraguas para mi cumpleaños. “¿Te gusta este poupon para que se lo pidamos a papá noel?” A mí todo me parecía bien porque, al fin y al cabo, no hacía tanto tiempo que había recuperado a mi mamá.

Cuando tenía cinco años, mis dos hermanos y yo viajamos con mis padres a España a pasar las vacaciones. Como mi madre andaba con la salud un poco delicada, mi padre le pidió a mi tío si podía quedarme con él unos meses. Cuando desperté y me di cuenta que se habían ido sin mí, creo que desconecté el enchufe emocional de mi familia. Recuerdo muchas cosas de esos meses, pero nada estaba relacionado con ellos; ni tristeza ni enojo… ni recuerdos.
clarisse cespedes
Mis “nuevos padres” también me querían mucho y yo los quería, aunque mis primos (que eran bastante mayores que yo) dicen que les soltaba muchas patadas y hacía travesuras, como cortar en pedacitos un vestido que me hicieron para ir a la feria, o coserme el dedo mientras jugaba con la máquina de coser.

Recuerdo las meriendas de mi tía, el cariño de la gente del barrio y el camión que traía los bloques de hielo para la nevera. Era la Catalunya de los 70.

Llegó el día en que mis tíos me llevaron de regreso a Francia. Todo me parecía nuevo y ya no entendía una palabra de francés.

Un señor nos recogió en la estación y recuerdo muy bien que cuando pasé por el río Sena empecé a tararear: “Pero mira cómo beeeben los peces en el rííío…”.

El conductor nos llevó a su casa, donde conocí a su esposa y a dos niños con los que jugué todo el día. Ya de noche, le pedí a mi tita que regresáramos a nuestra casa, que quería dormir. “Ya estás en casa, mi niña”, respondió mi tía.

1. “Con un poco de cariño todo crece”

Mi madre reconectó conmigo usando esos momentos de cariño suave. Buscaba conversación para asegurarse que estaba readaptándome bien. Salíamos juntas y me compraba regalitos, y yo aceptaba su amor y sus obsequios. Poco a poco, mis tíos salieron de mi vida y mis padres regresaron a ella.

En muchas ocasiones, mi madre me ha hablado de la gran diferencia que hace en todo poner un poco de cariño, cuidado y empeño. Como un gota a gota que ayuda a mantener vivo todo lo que nos rodea, desde las plantas hasta los niños, pasando por los animales. Mi hija heredó ese espíritu maternal y protector con la naturaleza: cuando tenía 6 años detenía la bicicleta a cada minuto para asegurarse de que no pisaba hormigas :).

2. “A los niños hay que enderezarlos como arbolitos”

Esta es la frase que recuerdo más a menudo. Me la dice, gesticulando como si diera un empujoncito a un árbol con una mano, luego con la otra, con mucho cuidado. Como yo cuido mis plantas ahora, con mimo. Parece que haga un milagro porque crecen que es un primor, pero solo les dedico atención. Con los niños pasa lo mismo: hay que darse cuenta que están ahí, y hablar con ellos con cariño.

Aunque a veces nos castigó, mi madre nunca fue de armar escándalo. Era partidaria de ir manteniéndonos derechos a base de apoyo y no de aventones, y hasta hoy me ha parecido siempre la fórmula más deseable.

3. “A mi hija no la llames así”

Mi madre me demuestra su amor siendo mi abogado defensor. Cuando crecí y tuve mis amigos y novios, mi madre no podía dejar de reaccionar cuando no me trataban como ella quería que me trataran. No le iba el “tía” cuando se dirigían a mi enfrente de ella. No soportaba que me dijeran “estás loca”; no le gustaban las confianzas. Un día se lo dijo tal cual al padre de mi hija: “A mi hija no la llames así”. Años después yo le paré los pies de la misma forma a un novio de mi hermana. Mi madre me enseñó que las mujeres tienen que hacerse respetar.

4. “Lo hice lo mejor que pude”

Mi madre se cansó de los reproches de los hijos cuando crecen, y ahora la entiendo porque todos pasamos por esa época en que encontramos el origen de nuestros problemas en traumas infantiles que, irremediablemente, terminan por señalar a los padres. Un día, harta de mis reproches sobre su estilo de crianza, mi madre me dijo: “Lo hice lo mejor que pude o supe. Júzgame cuando pases por lo mismo”. Con eso, mi madre me quería decir que ninguno de los errores que podía haber cometido como madre fue por falta de amor. Incluso quienes se sienten madres perfectas descubrirán con el tiempo que quienes las juzgan con más severidad suelen ser los propios hijos, y es ley de vida.

Con esa frase mi madre me calló, y el tiempo terminó por darle la razón. Ahora yo le digo lo mismo a mi hija.

parisJunto a las de mis hijos, siempre tengo en la mesita de noche esta foto del día que regresé a casa. A la izquierda, mi madre con mi hermano mayor. A su lado, mi tío y mi tía, ya fallecidos (mi tita falleció el año pasado). La niña de la muñeca es mi hermana mayor.

Clarisse Céspedes
Soy periodista y madre de dos hijos que se llevan 10 años de edad, lo más parecido a repetir curso en maternidad. Después de trabajar en prensa, radio y televisión hispana en Estados Unidos durante casi 10 años, me he pasado al mundo de los internautas y trabajo para BabyCenter en Español. Sígueme en @madreinus y Facebook

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